miércoles, 9 de marzo de 2011

Reflexiones de una maestra novata

 
Es posible que algo estemos haciendo mal, no lo tengo claro, pero tengo algunas pistas.
Yo como docente tengo trabajo, que hoy en día es un privilegio, tengo un alumnado al que dedico muchas más de cinco horas, y además me preocupa, tengo un Centro, el cual he elegido libremente, esto tampoco le ocurre a la mayoría, y tengo un potencial educativo al que tengo que dar rienda suelta, esa es mi función.
Entonces, ¿dónde está el problema?.
Intentaré seguir las pistas que tengo.
El problema radica en que se está perdiendo la libertad del docente, del maestro, de la maestra, esa libertad, como decían nuestros mayores, "libertad de cátedra". Se está perdiendo el sentido común, es verdad, en todos los ámbitos, pero yo opino solo del que procedo, y pienso que un maestro o maestra, formado y actualizado , preocupado por su entorno inmediato y por lo que ocurre en el mundo, debe tener más apertura y menos obstáculos.
Se suele decir, la aministración nos aburre cada día con más documentos que rellenar, con más peldaños que subir, con la burocracia, no tenemos tiempo de enseñar, con tanto papel nos tienen aburridos.
Todo ello es verdad, pero ¿acaso nosotros no somos burocracia?.
Si nos plantáramos y rescatáramos el poder perdido seríamos más felices, haríamos más felices a nuestros chicos y chicas, y obviamente, crecerían más y mejor.
Que ¿cómo hacerlo?, pues creyendo en lo que hacemos, demostrándole al mundo, a la burocracia, a los demás, que podemos tener una Escuela justa, divertida y en paz.
Y la paz no se arregla celebrando un día, ni el gusto por la lectura viene por arte de un proyecto, ni la igualdad se mejora con planes. No, estoy convencida, se mejora en el día a día.
En las relaciones con los demás, en el gusto por lo bello, en el respeto por todos, vengan del lugar que vengan. Y todo ello y mucho más conseguirían mejores planes de igualdad, de paz, más interés y gusto por el arte, la poesía, por aprender.
Hoy más que nunca siento que tenemos que cambiar el prototipo de Escuela por una más libre y democrática, más respetuosa con los demás, mas ejemplarizante, más justa, más natural.
Lo que importa es lo que se escribe, y lo que se escribe sirve para reafirmar lo que piensas, pero lo que vas a hacer la semana que viene, viene dado por lo que tú y tu alumnado viva esta semana. Y eso no se debe escribir.
Las programaciones no se pueden convertir en los antiguos programas renovados, tienen que ser vivas y además tienen que tener sentido.
Todo lo que se salga de ahí, no cabe en la Escuela que yo busco. Sí cabe, intercambios de opiniones, modificaciones de acuerdos firmados, tertulias pedagógicas, en las que todos sean portavoces de todo, menos coordinadores y más maestros.
En esta Escuela cabrían todas las experiencias de todos, y sobre todo estaría presente el compañerismo, el estar al servicio de los demás, primero de los niños y niñas y después de los que trabajan al lado tuyo.
Es lo que haría florecer una generación más sana, cultivada, respetuosa y competente.
Estas palabras salen de mi mente y de mi corazón en un día como el de hoy, agridulce, en el que he sentido y he querido expresarlas.
Un saludo.